Ya está aqui la Navidad. Todo empieza a llenarse de luz y color, sobre todo las caritas de nuestros niños reflejan toda la alegría de este tiempo de Mágia y de Ilusión para ellos. ¿Habeis probado a observar a los niños en estos dias? Os recomiendo que lo hagais, se os "caerá la baba" al descubrir cuanta felicidad inunda sus corazones y cuanta inocencia y luminosidad existe en sus miradas. Yo no me canso de hacerlo, cada día, especialmente estos días en que estamos escribiendo ya la carta a los Reyes Magos, y poniendo los adornos en la casa, el arbol de navidad, el belén.. Y es que yo me siento niña con ellos, mientras los acompaño, soy otra vez una niña llena de ilusión, de entusiasmo, y me divierto tanto como ellos. ¡Que bueno es ser como un niño!
No olvidemos que lo más importante de la Navidad no son las luces, ni los regalos, ni los dulces ni nada material, lo más importante es nuestro corazón, nuestra alma y como vivimos desde nuestro interior lo que significa la Blanca Navidad: pureza de corazón, un corazón puro tan blanco como la nieve, como el de un niño.
Te propongo algunos regalos que puedes hacer esta Navidad, en crisis económica, sin gastar ni un céntimo:
- El regalo de tu sonrisa.
- El regalo del perdón
- El regalo del tiempo
- El regalo de escuchar.
- El regalo de tus cuidados
-El regalo de tu alegría
- El regalo de tu silencio
- El regalo de tu solidaridad
- El regalo de tu generosidad
- El regalo de tu paz
- El regalo de tus palabras amables
- El regalo de tu amistad
- El regalo de tu paciencia
Que no falten estos regalos en tu Navidad, para darlos y para recibirlos.
Os dejo con un extracto de una bello relato real titulado "Una Navidad sin regalos" de James E. Faust, que espero que os haga reflexionar como a mí, sobre el verdadero sentido de la Navidad.
"He estado pensando en lo que hace de la Navidad una época tan importante de la vida.
Soy lo bastante mayor para recordar muchasNavidades, las cuales han sido gloriosas; pero he aprendido que no son los regalos los que las convierten en algo grande
.LA NAVIDAD MÁS FELIZ DE MI INFANCIA.....
Cuando era niño, mi familia era terriblemente pobre. Mi padre no tenía empleo porque estaba estudiando en la facultad de derecho de la Universidad de Utah; estaba casado y tenía tres hijos pequeños. Mis abuelos sabían que no tendríamos Navidades si no íbamos a la granja del condado de Millard, así que toda la familia tomó el tren que salía de Salt Lake a Leamington, Utah.
De dónde salió el dinero para los billetes, nunca lo sabré.El abuelo y el tío Esdras nos recogieron en el cruce del ferrocarril en Leamington con un tiro de caballos grandes para que estiraran el trineo abierto por la profunda nieve hasta Oak City. Hacía tanto frío que los enormes caballos tenían una capa de hielo en la barbilla y se les podía ver elaliento. Aún recuerdo el frío extremo que sentía en la nariz y lo difícil que se hacía respirar. La abuela había calentado unas piedras que había puesto en el suelo del trineo para mantenernos calentitos, y estábamos tapados con unos acolchados gruesos por los que sólo asomaba nuestra nariz. Acompañados por el tintineo de las campanillas atadas con tiras de cuero a los arneses de los caballos, hicimos un viaje musical de 10 millas (16 kilómetros) desdeLeamington hasta Oak City, donde vivían nuestros amados abuelos.
Había tantos seres queridos esperándonos que se nos hacía difícil la espera, y al llegar, era un lugar calentito,maravilloso y emocionante.En una esquina de la sala se hallaba el árbol de Navidad, un cedro que había sido cortado en los pastos de la colina y que había sido decorado, en parte, por la naturaleza con unas pequeñas bayas que contribuían aque emitiera un fuerte aroma. Nuestras decoraciones consistían en ristras de palomitas de maíz engarzadas con aguja e hilo. Las ristras se tenían que manejar con cuidado o podrían romperse y esparcir las palomitas por todo el suelo. También teníamos cadenas de papel para poner en el árbol que hacíamos con tiras recortadas de catálogos de las tiendas Sears y Montgomery Ward que pegábamoscon engrudo y que nos embadurnaba las manos, la cara y la ropa. ¡Me pregunto cómo es que no le añadían azúcar!Con un poco de crema bien habría podido pasar por papilla.
No recuerdo que tuviéramos regalo alguno bajo el árbol, aunque sí había bolas de palomitas de maíz hechas con una melaza casera muy concentrada. Cuando mordíamos una de las bolas parecía que era la bola la que nos mordía a nosotros.En Nochebuena nos reuníamos alrededor de la estufa de leña y disfrutábamos del agradable calor del fuego y del placentero aroma de la madera de cedro que ardía en el fuego. Uno de los tíos ofrecía la primera oración y luego cantábamos himnos y villancicos.
Una de las tías leía sobre el nacimiento de Jesús y de las “nuevas de gran gozo” (Lucas 2:10). “Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas2:11). Entonces, nuestros abuelos nos decían lo mucho que nos amaban.El día siguiente era Navidad, y teníamos una gran cena, pero antes de comer todos nos arrodillábamospara la oración familiar. Yo tenía mucha hambre y lasoraciones del abuelo eran sumamente largas, pues,como pueden ver, él tenía mucho por que orar. Oraba por la lluvia, porque había sequía y la cosecha habíasido escasa. La siembra del otoño se había plantado en tierra árida, y lo que ésta proporcionara no se podría vender por mucho debido a los bajos precios motivados por la Gran Depresión. El plazo de los impuestos de la granja había vencido porque no había dinero para pagarlos.También oró por nuestra numerosa familia, su ganado y sus caballos, los cerdos, los pollos, los pavos…oró por todo. Durante la larga oración del abuelo, el más joven de mis tíos se impacientó un poco y me dio un pellizco irreverente con la esperanza de que yo gritara y se animara un poco la situación.Para cenar teníamos un pavo enorme relleno de deliciosos aderezos. El relleno no tenía apio puesto que sólo disponíamos de los ingredientes que se podían producir en la granja, aunque tenía bastante pan, salvia, carne picada de cerdo y cebollas. También había una gran cantidadde patatas, salsa, pepinillos, betabeles (betarragas),judías verdes y maíz. Dado que el abuelo podía intercambiar trigo por harina con el molinero, siempre había pan recién hecho, y para asegurarse de que hubiera comida para todos nos aconsejaban tomar un bocado de pan por cada bocado de cualquier otro tipo de comida.Teníamos jalea de guindas y mermelada de cereza molida;de postre teníamos tarta de calabaza y de grosella. Todo era delicioso.
Al pensar en aquella Navidad especial después de muchos años, la parte más memorable era que no pensábamosen regalos. Quizás se regalaran unos mitones o una bufanda echa a mano, pero no logro recordar regalo alguno. Los regalos son algo maravilloso, pero descubrí queno son esenciales para nuestra felicidad. No pude sentirme más feliz; no había regalos que se pudieran sostener,acariciar, o con los que pudiéramos jugar, mas sí había muchos maravillosos presentes que no se podían ver pero que se podían percibir.Reinaba el don del amor sin límites; sabíamos que Dios nos amaba y nos amábamos unos a otros. No echamos de menos los regalos porque teníamos todos esos regalos gloriosos. El pertenecer y ser parte de todo ello me hacía sentir sumamente feliz y seguro. No queríamos nada más. En absoluto echábamos de menos los regalos y no puedo recordar una Navidad más feliz de cuando era niño....














